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Cómo los wearables están transformando el bienestar en los espacios de trabajo

Desde los relojes hasta los cascos y las gafas inteligentes, los wearables desempeñan un papel cada vez más importante a la hora de ayudar a los empleados a mantenerse más sanos y a rendir mejor en el trabajo.

18 de mayo de 2021

A medida que más empresas se centran en mejorar la salud y el bienestar de sus empleados, los wearables se están convirtiendo en una herramienta para que las empresas monitoricen cómo se sienten los empleados y les puedan prestar apoyo en caso de necesidad.

Mientras los relojes inteligentes y las pulseras de fitness que monitorizan datos como la frecuencia cardíaca y los pasos son complementos muy habituales en el espacio de trabajo debido a su utilización en la vida personal, otros dispositivos también están empezando a cobrar protagonismo. 

Los parches inteligentes pueden monitorizar varios indicadores de salud, como la variabilidad de la frecuencia cardíaca, la presión sanguínea y la postura, mientras que, en los almacenes y en las obras de construcción, las gafas inteligentes mejoran la visión de los trabajadores con información complementaria que contribuye al proceso de toma de decisiones. Los cascos y los trajes inteligentes pueden mejorar la seguridad, al monitorizar datos clave sobre la salud física de los trabajadores.

«Si bien llevamos a cabo inversiones significativas para disponer de espacios de trabajo saludables y productivos (en temas como sensores que miden la ocupación, la calidad del aire y el movimiento), el parámetro más importante es su impacto en las personas», comenta Andrew O’Donnell, UK Real Estate and Workplace Director en JLL. «Las empresas son conscientes de ello y ven los wearables como una herramienta para comprender si están mejorando el bienestar de sus empleados y decidir cómo pueden hacerlo».

Un mercado en expansión

El mercado de los wearables está valorado actualmente en 37.000 millones de dólares estadounidenses según Grand View Research y se prevé su número alcance los 1.000 millones en 2022.

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Los wearables que facilitan el distanciamiento social han ganado adeptos durante la pandemia. Las etiquetas (tags) o las aplicaciones diseñadas por empresas con tecnología Bluetooth emiten una vibración para avisar a las personas de que están demasiado cerca de los demás, mientras que los pases de seguridad del gigante del sector minero Anglo American emiten destellos rojos si los empleados se sitúan a una distancia inferior a un metro y medio.

Otros dispositivos recopilan datos sobre los hábitos de sueño, los niveles de actividad diarios y otros marcadores que animan a los empleados a cuidar de su salud y, a su vez, permiten a las empresas comprender mejor cómo está su plantilla.

«Los wearables contribuyen a la experiencia general del empleado y posibilitan la adopción de un enfoque más holístico a la hora de apoyar y fomentar el compromiso y el desempeño de los empleados», destaca Paul Smith, director de Estrategia en ART Health Solutions. «Si una empresa quiere mejorar verdaderamente el bienestar de sus empleados, también debe tener en cuenta la dimensión personal, lo que sucede fuera del espacio de trabajo».

Cambio de estrategia

A medida que las empresas adoptan políticas de trabajo en remoto, los wearables pueden ayudar a los empleadores a comprender cómo fluctúa el bienestar de la plantilla en diferentes entornos laborales.

Podemos citar como ejemplo la pulsera de Moodbeam, que permite a los teletrabajadores informar de si su estado emocional es positivo o negativo. Los responsables pueden comprobar esta información a través del panel de la aplicación y tomar las medidas necesarias.

Entretanto, ART Health utiliza una combinación de encuestas online a empleados, pruebas de desempeño cognitivo y datos provenientes de los sensores en los espacios de trabajo y de los wearables para medir el desempeño y el bienestar de forma continuada.

«Al monitorizar los datos, las empresas pueden obtener una nueva perspectiva de la repercusión de los modelos de trabajo híbridos sobre el bienestar y el desempeño de los empleados», comenta Smith.

Los datos sobre la salud y la actividad de los empleados pueden utilizarse para enviar alertas, como recomendaciones para levantarse del sitio periódicamente o moverse más durante la jornada laboral. Se trata de medidas sencillas que han repercutido positivamente en la productividad y la satisfacción de los empleados. Las empresas podrían implantar programas de incentivos que recompensen a los empleados por lograr determinados objetivos de bienestar físico. 

Desafíos que se deben abordar

Sin embargo, el uso de datos derivados de estos dispositivos para dar forma a las estrategias del espacio de trabajo se encuentra todavía en una fase temprana.

Uno de los retos está en que el uso de estos dispositivos, si bien va en aumento, sigue sin estar generalizado, explica O’Donnell.

En concreto, los almacenes y las obras de construcción no siempre tienen la infraestructura digital necesaria para dar cabida a dispositivos del internet de las cosas, como los wearables.

«En los sectores de almacenamiento y construcción, los wearables mejoran los equipos e impulsan la eficiencia y el ahorro de tiempo y dinero, pero el coste y la accesibilidad de la implantación continúan siendo impedimentos para un gran número de empresas», explica Anna Szlagor, del equipo de Research and Consulting en JLL.

Si bien los datos generados por los wearables están anonimizados, la privacidad también puede constituir una preocupación y un obstáculo para su adopción, especialmente en el contexto de la monitorización de la salud de los empleados.

«Para que las empresas aprovechen el potencial de los wearables y los datos que pueden ofrecer, resulta clave establecer una política de datos transparente y dejar claro a los empleados cuáles serán las ventajas a título individual», declara Nick Whitten, Head of UK Living Research en JLL.

Espacios de trabajo más inteligentes

A medida que los wearables y otras tecnologías relacionadas como la realidad aumentada y el internet de las cosas se desarrollan —y los costes disminuyen—, los espacios de trabajo se verán más beneficiados, pronostica Szlagor.

Las empresas de mayor tamaño podrían integrar dispositivos médicos —como anillos para detectar la glucosa en sangre o parches de electrocardiografía— en los programas de salud del trabajo y utilizar datos anonimizados para avisar a los empleados cuando pudieran necesitar cuidados preventivos. Los exoesqueletos inteligentes que mejoran la fuerza y la movilidad podrían contribuir a tener unos entornos laborales más seguros y eficientes en los almacenes y las obras de construcción.

«A medida que las tecnologías como la automatización y la inteligencia artificial se integren en los espacios de trabajo, los wearables nos permitirán interactuar con una maquinaria cada vez más inteligente, lo que abre la puerta a un futuro del trabajo en el que las personas puedan trabajar realmente con las máquinas», explica Whitten.

Los wearables también pueden transformar cómo interactúan las personas con unas oficinas cada vez más digitales.

Los relojes inteligentes podrían sustituir a los teléfonos como herramienta para acceder con facilidad a los edificios inteligentes y permitirían a los empleados conectarse a su sistema de hot desking o personalizar las preferencias de temperatura e iluminación sin tener que desbloquear sus teléfonos. Resulta probable que el desarrollo de dispositivos cada vez más pequeños y discretos también aumente la aceptación de los wearables en entornos profesionales y, por ende, su uso en estos lugares.

«Cuando estos dispositivos pasen a estar más integrados en los entornos de trabajo, asistiremos a un incremento en su uso como plataforma principal de asistencia digital», explica O’Donnell. «Se trata de un área de sólido crecimiento para las empresas y los wearables son una manera no intrusiva de monitorizar los datos y avisar a los usuarios cuando tienen una reunión o un asunto al que dar seguimiento.

«Esto forma parte de la transición a largo plazo hacia la digitalización de la oficina».

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