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¿Por qué la compra de electricidad limpia dinamiza el negocio de las energías renovables en España?

¿Quién compra electricidad renovable en España y por qué cada vez más inversores apuestan por las infraestructuras sostenibles? Tomás García nos ayuda a analizarlo.

22 de septiembre de 2020

La emergencia climática ha puesto en primer plano el sector de la energía renovable como parte de la solución para un futuro con bajas emisiones de carbono.

La pandemia del COVID-19 han aumentado la conciencia pública sobre el cambio climático y la necesidad de una mayor inversión en infraestructuras de energía renovables se hace más apremiante a medida que los gobiernos establecen ambiciosos objetivos de “cero neto”.

“La contratación de electricidad de origen renovable ha pasado a ser un elemento clave en la estrategia de sostenibilidad de las empresas”.

Tomás García, responsable del área de Energías Renovables, JLL España y Portugal
¿Por qué ahora?

Según datos de Red Eléctrica, el parque de generación con fuentes de energía renovables en España ascendió a 55.349 MW a finales del 2019 que produjo casi el 38% de la generación total. De ellas, la eólica sigue siendo la tecnología renovable más importante, que supone el 20,8 % de la producción total.

Esta evolución de ‘mix energético’ está en sintonía con la postura favorable de consumidores y empresas. España tiene grandes superficies con una menor densidad de la población y muchos terrenos planos, lo que facilita que sus habitantes no se sientan “amenazados” por las plantas de energía limpia.

La situación geográfica de nuestro país permite distribuir la producción de energía renovable por todo su territorio. La hidráulica proviene de pantanos y presas y tiene algo más de peso en el norte. La solar se genera predominantemente en el sur, aunque también se está empezando a desarrollar por el norte de España. La eólica tiene una fuente presencia en la Cornisa Cantábrica, la Meseta Aragonesa y también en algunos puntos del sur.

El impulso para que este negocio vaya creciendo todavía más rápido viene en gran parte de los contratos de compraventa de energía renovable. En el caso de las empresas, “hemos detectado interés por parte de compañías de cualquier tamaño y sector, aunque los grandes consumidores eléctricos suelen ser industrias pesadas (química, acero, metales, etc.) o centros de datos” explica Tomás García, responsable del área de Energías Renovables para JLL España y Portugal. De hecho, en España algunas de las compañías que más energía consumen se agrupan en Fortia Energía, que ha formalizado varias compras conjuntas de energía renovable.

Los contratos de compraventa de energía renovable (PPAs)

Cuando hablamos de empresas, la compra de energía se materializa en un acuerdo de compraventa a largo plazo también conocido como PPA (Power Purchase Agreement).

Una de sus características más importantes es la contratación por períodos de tiempo extensos. Es el factor decisivo que permite abaratar el precio por vatio-hora, además de aportar a las empresas una visibilidad sobre su coste de energía a largo plazo, que en ocasiones constituye una parte significativa de sus gastos operativos (Opex).

Además del plano económico, no tenemos que olvidar las ventajas relacionadas con la sostenibilidad y la preservación del medioambiente. Según García “la contratación de electricidad de origen renovable ha pasado a ser un elemento clave en la estrategia de sostenibilidad de las empresas y en su compromiso de descarbonización”.

Alrededor del mundo la firma de acuerdos PPA gana cada vez más adeptos. Según datos de BloombergNEF (BNEF), en 2019 negocios de todo el mundo compraron una cantidad récord de energía limpia a través de PPAs. En total, hablamos de cerca de 19,5 GWh de potencia renovable contratos por unas 100 empresas de 23 países.

En España, los PPAs también están cogiendo impulso como instrumentos para mejorar la eficiencia de costes y obtener un suministro de energía limpia. Algunos de los últimos acuerdos firmados en esta materia han sido la compra por Telefónica de 100 GWh anuales de electricidad renovable durante los próximos 10 años, el acuerdo entre Iberdrola y Vodafone para proveer de energía verde a los 13.500 puntos de suministro de la red propia de la telco o la licitación del contrato de suministro de electricidad de fuentes renovables para los edificios y equipamientos municipales del Ayuntamiento de Madrid.

Claves de la inversión en infraestructuras renovables

Los volúmenes significativos de energía adquirida impulsan el interés de los inversores hacia los activos renovables.

“En general, toda la Península Ibérica está atrayendo mucha atención por parte de los inversores nacionales e internacionales interesados en activos renovables” afirma García. Entre los perfiles más habituales, nos encontramos con compañías eléctricas, IPPs (Independent Power Producers), compañías petrolíferas o fondos de inversión, que ven el negocio de energía limpia como un valor refugio, que ofrece unas rentabilidades más altas que otros tipos de activos.

“El negocio de las renovables de España y Portugal se beneficia de unos fundamentales de mercado muy positivos. Somos un país estable en el plano político y económico. Disponemos de muy buenos recursos naturales repartidos a lo largo de todo el territorio. A la vez, el precio mayorista de la electricidad es relativamente caro comparado con el resto de los países europeos, lo que inclina la balanza a favor de las fuentes de energía alternativas. Eso hace que nuestro país sea un mercado muy interesante a la hora de plantearse invertir en infraestructuras sostenibles” apunta García.

Un futuro brillante para la energía limpia

Las buenas perspectivas del mercado local y el compromiso del Gobierno para promover las fuentes renovables dan razones para el optimismo respecto al futuro de las renovables. Tanto es así que los Gobiernos de España y Portugal han diseñado una ambiciosa hoja de ruta para los próximos 10 años, según la cual se instalarán unos 28 GW adicionales de energía eólica y otros 38 GW de energía solar fotovoltaica con el objetivo de impulsar la transición energética. “Tenemos multitud de razones para vislumbrar un futuro brillante para las energías renovables” concluye García.

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